Cruza la puerta del Monasterio de Santa Catalina y el ruido de la calle se apaga tras los gruesos muros de sillar. Callejones de colores intensos pasan junto a celdas vacías y claustros tranquilos, y lo más ruidoso suele ser el eco de tus propios pasos. Sobre los tejados, el cono del Misti se alza solitario en un cielo amplio y despejado.
Más allá del centro de piedra blanca, el mirador de Yanahuara enmarca el volcán entre arcos tallados, y las picanterías de las afueras llenan sus largas mesas a la hora del almuerzo. Los días son secos y soleados casi todo el año, con lluvias breves en verano y noches frías en invierno. Un Local Friend puede llevarte a su rincón favorito y contarte la historia que hay detrás.



